Siempre nos costó comunicarnos.
Yo le hecho la culpa a esa manía mía por trasladarme continuamente a las mentes de los demás…
[Tiempo]
Hoy, casualmente, me he trasladado a la tuya…
Mamá, te quiero.
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Spice Girls | Mama
Soy Goliat
Siempre nos costó comunicarnos.
Yo le hecho la culpa a esa manía mía por trasladarme continuamente a las mentes de los demás…
[Tiempo]
Hoy, casualmente, me he trasladado a la tuya…
Mamá, te quiero.
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Spice Girls | Mama
Se conocieron hace ahora un año. Su relación empezó incluso sin que ellos pusieran la fecha del encuentro o consumación final, que más tarde acabaría en tragedia. Comenzó siendo una de las historias más bonitas que jamás haya vivido en tercera persona. Sus primeros encuentros fueron furtivos y secretos, y sólo había contacto a través de esa especie de lazo de unión de color verde que va desde una pupila a la otra. Pero nunca llegando a las manos, que más adelante él olería. Ella estuvo unos meses fuera de la ciudad y durante todo este tiempo nada supieron el uno del otro. Se puede decir que por casualidad y circunstancias del desconocimiento y falta de información, ambos se esperaron y mantuvieron la curiosidad el uno por el otro aún estando lejos durante estos meses de invierno; pero a decir verdad, este pequeño ápice tendría que ser corroborado por alguno de los dos protagonistas de hoy. Él continúo sus estudios de marketing que más tarde abandonaría para dedicarse a lo que realmente le gustaba y a lo que desea dedicarse el resto del tiempo laboral que le quede por cumplir. Ella vivía en una casa situada en una de las grandes urbanizaciones en el centro de la ciudad. Él también se había independizado, pero compartía su intimidad con unas paredes más silenciosas y que lejos quedaban del bullicio y ruido de la metrópolis. Cuando tuvo lugar la conexión, ambos se fueron a vivir a una casa con tres estancias; las cuales fueron decoradas por ella más que por él, y en las que el blanco y el negro se convirtieron en la base de toda decoración allí expuesta. Las ventanas eran grandes y las paredes de cristales. En el centro angular de la casa se encontraba la alfombra histórica bajo un frutal que nunca dio el mínimo fruto. El jardín no era demasiado grande, pero estaba poblado por una inmensidad de lilas y pensamientos amarillos que se convirtieron en el punto de mira de todos sus vecinos. La casa fue construida por un arquitecto que más tarde desempeñaría un rol vital en la relación de ellos dos. Éste merece mención especial. Fue el gran referente de esta felicidad.
El trabajo, o quizás las ansias de superación de ella, acabó con el punto fuerte de esta pareja formada de historias y experiencias reales que contar. De momento, se han dado un tiempo. No han movido documento jurídico alguno. La actualidad está vigente.
La casa, continúa ahí; decorada, pero sin piscina en la que nadar.
Recuerda que esto está hecho para crear y no para contar.
La imaginación sólo consigue crear cosas que nacen muertas;
aunque a veces puedan resultar muy bellas.
Tengo una fotografía que miro cada noche,
para llevarme un buen sabor de boca a la cama.
Que me hace recordar los mejores momentos
p a u s a d o s.
Que me abre una puerta hacia el futuro.
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Tengo una fotografía robada que me abre los
OjOs.
Que me hace olvidarte y reírme de mí.
Que ironiza mis cartas y oprime tus versos.
_
Tengo una fotografía reciente que me sirve de
Espejo..ojepsE
Me calma por dentro y me sacia el deseo. En
ella me miras.
_
Tengo una fotografía que está por sacar…
_
Tengo muchas fotografías; pero sólo una, me
recuerda lo difícil que es empezar desde cero;
sin vuelta posible.
_
Todo acaba donde empezó,
todo parte desde donde nace.
Todo lo pusimos en el comienzo,
todo lo hemos perdido en el final.
Quedémonos en el museo.
Volvamos allí, al Louvre.

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Damien Rice |Blower’s daughter
Remember those walls I built?
Well, baby they are tumbling down.
And they didn’t even put up a fight.
They didn’t even make a sound.
I found a way to let you inBut,
I never really had a doubt.
Standing in the light of your halo!
I got my angel now!
I can feel your halo !
I can see your halo !
I can feel your halo !
Intenté por todos los medios ser seco. No mojarme. Pero eché a andar, a pesar de saber que tarde o temprano llovería.
A nueve meses de la autodestrucción, veo desde una ventana cerrada la evolución y el paso frenético del tiempo. Veo también como tu vida se recompone y se tonifica a medida que la Historia se hace de olvidos. En cuanto leí la cita que hoy me aviva para escribir de forma pedestre veinticinco líneas gastadas, me puse rápidamente a recordar dónde la había leído anteriormente y no tardé en verme reflejado en ella. Ahora que paseo por la acera de enfrente, tengo más campo de visión para distinguir las ventanas del balcón; el tejado de la pared; el blanco de la cal.
Un periodo de entretiempo es por el que ahora acabamos de pasar. Sobre una hoja en blanco rellenaré el balance, a continuación escribiré mis cinco deseos, y por último, ese papel pasará a tener otro color y otra materia. Esta vez no vale la tinta, la pluma, ni el teclado; la prosa ni la narrativa. En invierno sólo me llega el calor con la palabra; envuelta en una nueva línea. El tiempo de nuevo dirá si eres el plástico que en-vuelve los finos hilos de cobre, o simplemente te quedarás en aquel enchufe sin conexión ni corriente alguna. A ti, te he reflejado para la posteridad en fechas, palabras, metáforas, salidas, entradas, mensajes, iniciales, cartas, finales, e incluso en conversaciones históricas. Siempre te he mantenido a la sombra, no por pudor, sino porque pienso que es ahí donde reside tu encanto. En el frío…
(Comienza a llover)
Lo he intentado; pero me he mojado.
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Es posible que este lugar no aparezca en ningún mapa.
En mi barrio, las casas no tienen puertas ni tejados;
y una llave, sólo abre la puerta de los sueños.
Pero un día llegarás y no sabrás qué hacer. Pensarás que te espero en silencio al fondo en el dormitorio y que nada te diré sobre tu ausencia. No sabrás para dónde mirar, ni a dónde dirigirte, porque en esa habitación no estaré. No valdrá el tiempo ni el cariño; y ni siquiera el más ardiente recuerdo te hará entrar en calor.
Las paredes se vendrán abajo poco a poco; el frío apenas te dejará seguir pensando; y caerás en la cuenta de que ahora si que todo ha cambiado; que ya no hay vuelta posible; y que te encuentras en un lugar ya desconocido para ti; dónde no reconoces los muebles ni los cuadros, y hasta el estampado de las cortinas se ha vuelto ajeno a tu conocimiento. Ahora sólo deseas salir de este horrible lugar; pero no encuentras la salida.
Tu memoria laxa se regocija. Sentirás en tus hombros todo el escombro que cae del alto techo. La nube de polvo se hará opaca y sólo te quedará la intuición para caminar hasta la posible salida de emergencia que se encuentra en lo que queda del jardín.
Ahora no debes dudar, lo tienes hacedero: dirígete hacia el cuadradito rojo que verás con una equis en la valla derecha superior de la casa. Es la única salida que no está taponada por el derribo.
¡Púlsalo!
¡Respira! Ya estás en la calle.

Un hombre ama a una mujer, porque la cree superior. En realidad, el amor de ese hombre se funda en la conciencia de la superioridad de la mujer, ya que no podría amar a un ser inferior, ni a uno igual. Pero ella también lo ama, y si bien este sentimiento lo satisface y colma algunas de sus aspiraciones, por otro lado le crea una gran incertidumbre. En efecto: si ella es realmente superior a él, no puede amarlo, porque él es inferior. Por lo tanto: o miente cuando afirma que lo ama, o bien no es superior a él, por lo cual su propio amor hacia ella no se justifica más que por un error de juicio. Esta duda lo vuelve suspicaz y lo atormenta. Desconfía de sus observaciones primeras (acerca de la belleza, la rectitud moral y la inteligencia de la mujer) y a veces acusa a su imaginación de haber inventado una criatura inexistente. Sin embargo, no se ha equivocado: es hermosa, sabia y tolerante, superior a él. No puede, por tanto, amarlo: su amor es una mentira. Ahora bien, si se trata, en realidad, de una mentirosa, de una fingidora, no puede ser superior a él, hombre sincero por excelencia. Demostrada, así, su inferioridad, no corresponde que la ame, y sin embargo, está enamorado de ella. Desolado, el hombre decide separarse de la mujer durante un tiempo indefinido: debe aclarar sus sentimientos. La mujer acepta con aparente naturalidad su decisión, lo cual vuelve a sumirlo en la duda: o bien se trata de un ser superior que ha comprendido en silencio su incertidumbre, entonces su amor está justificado y debe correr junto a ella y hacerse perdonar, o no lo amaba, por lo cual acepta con indiferencia su separación, y él no debe volver. En el pueblo al que se ha retirado, el hombre pasa sus noches jugando al ajedrez consigo mismo, o con la muñeca tamaño natural que se ha comprado.
Cristina Peri Rossi, Una pasión prohibida.

[p r o s p e c t o]
En este espacio no encontrará seguramente respuesta a ninguna de las curiosidades que le han conducido hasta aquí.
Tampoco se topará con ninguno de esos textos enrevesados que tratan de definir simples conceptos, ni con ninguna pegatina que clasifique su contenido.
Aquí sólo encontrará palabras y palabras; encadenadas con nexos o separadas por signos vagos de puntuación.
Tampoco conviene pasar demasiado por aquí (porque termina creando adicción).
¡Ah! Y por último, no busque demasiado por las paredes porque tampoco habrá nada interesante que le sorprenda.
Ahora sí, disfrute de la estancia.